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UN PASEO POR LA CÓRDOBA DE JULIO ROMERO DE TORRES, EL PINTOR DEL ALMA CORDOBESA

Como profesional del turismo, guía turística oficial y, sobre todo, como cordobesa, en ocasiones suelo preguntar a nuestros clientes durante las visitas ¿Han visto alguna vez la imagen de la chiquita piconera? Afortunadamente, con bastante frecuencia la respuesta es afirmativa pero aun así no saben a quién asociarla.

Esta imagen es una de las muchas obras de arte que nos legó el prodigioso pintor Julio Romero de Torres y el objetivo de este artículo no es otro que dar a conocer al pintor y su obra viajando a través de estas, con sus luces y sombras, pero sobre todo dar a conocer esa manera tan especial de trasmitir nuestra cultura, de un modo inigualable.

 

RAICES

Don Julio Romero de Torres nació en Córdoba en 1874, hijo de Don Rafael Romero Barros, recibió de su padre el amor y la pasión por el arte desde muy pequeño. Su padre no era cordobés sino onubense, fue pintor, historiador del arte, arqueólogo, museólogo y literato. Don Rafael llegó a Córdoba en 1862 y menos su primogénito que nació en Sevilla el resto de sus ocho hijos nacieron en Córdoba.

Aquí, se hace cargo de la recién creada plaza de conservador-restaurador del primitivo Museo de Pinturas recientemente trasladado al antiguo Hospital de la Caridad y donde también albergaban la magnífica colección de piezas arqueológicas que ya existía en la ciudad la cual sería el germen de lo que luego fue el museo arqueológico el cual se trasladaría posteriormente a la sede actual, la plaza de Jerónimo Páez. Será aquí, en la casa frente al museo donde establecerá su domicilio junto a Rosario de Torres Delgado y aquí formarán su familia.

Don Julio, pronto iniciará su formación en la Escuela de Bellas Artes donde desarrollará un estilo muy personal influenciado por nuestra rica herencia cultural. Su popularidad comienza con 36 años cuando participa en la Exposición Internacional de Buenos Aires destacando su habilidad para representar a la mujer y la cultura andaluza. Sin embargo, este reconocimiento no llegará a España hasta un tiempo después.

 

JULIO: EL ARTISTA QUE RETRATÓ EL ALMA DE CÓRDOBA

De su obra podemos destacar el simbolismo, una constante en todos sus cuadros, utilizado como un lenguaje escondido al cual había que llegar a través de los sentidos. El más mínimo detalle, una cruz o un naipe querían llevarnos a ese mensaje espiritual tan suyo el cual conectaba directamente con nuestro sentir más profundo.

Dijo de él Francisco Giner de los Ríos, uno de los grandes pensadores de la época que “Julio, no solo pintaba lo que veía, sino que retrataba todo lo que late bajo la piel de las cosas” sacando lo más profundo de lo retratado.

Su peculiar forma de representar a la mujer, su musa, lo llevó a enfrentarse a grandes críticas siendo totalmente incomprendido por críticos y especialistas del sector, pero con el tiempo su obra se irá introduciendo y poco a poco irá siendo aceptada, entendida y sobre todo valorada.

Córdoba, en la mayoría de las ocasiones fue el telón de fondo de sus cuadros, el río Guadalquivir, plazas, fuentes, casas palacios o zaguanes nadie ha representado la Córdoba del momento como él dejando un testimonio etnológico de la Córdoba de aquellos días.

Amante de la copla, la cual está reflejada en sus obras como parte esencial del sentir del pueblo, pero profundamente religioso también. Pintó obras religiosas para su madre motivo por el cual nunca las vendió y gracias a ello hoy están dentro de la colección del museo. Esta religiosidad se refleja en sus cuadros representando la muerte como algo placido un tránsito a otro lugar mejor y no como algo triste.

 

EL MUSEO, SU GRAN LEGADO

Actualmente la mayor colección de obras del pintor se encuentra en Córdoba, en su museo, situado en la vivienda donde él y su familia vivieron y donde estuvo su taller hasta su muerte en 1930. Unos meses después de su muerte, su hermano, Enrique Romero de Torres trabajando como director del Museo Provincial de Bellas Artes y como representante de la familia tomó la decisión de conservar en Córdoba todas las obras que había de su hermano reuniendo una importante colección. Posteriormente se irán añadiendo otras provenientes de colecciones privadas y otros donantes. Entre el año 1931 y 1936 se irá consolidando el museo hasta llegar a nuestros días como uno de los principales atractivos turísticos de la ciudad.

 

CURIOSIDADES: LO OCULTO DE SUS OBRAS

De entre todas las obras que hoy albergan su museo vamos a destacar aquellas que por su composición o mensaje hemos creído interesantes.

En la sala 1, llamada entorno familiar hay un cuadro pintado por Rafael Romero Barros -padre del pintor- en 1868 llamado Mendigos. Como protagonistas del cuadro están su mujer y madre del pintor Rosario Torres Delgado y el niño es su hermano Carlos. Ambos representados como mendigos. Aunque este cuadro no es obra del pintor es destacable ya que explica el arraigo de la familia Romero de Torres por el arte lo cual le es trasmitido desde muy pequeño y será el fruto de su producción.

En la sala 2, denominada primera época tenemos uno de sus primeros éxitos. En 1895 el pintor se da a conocer en la Exposición Nacional. Denominada ¡Mira que bonita era! título elegido de un cante por solea del mismo nombre. Tenemos un cuadro que representa la vida cotidiana. En el aparece de cuerpo presente una joven de 15 años presidiendo su sepelio rodeada de sus familiares. El pintor contempló el cadáver de la joven ya que pertenecía al barrio cordobés de Santa Marina y decidió retratar la escena de su velatorio. Hay que destacar el interés del pintor en asuntos de contenido social lo cual lo define en muchas de sus obras.

En la sala 3, llamada La Capilla tenemos sus obras más místicas de la cual destacaremos el cuadro llamado Cabeza de Santa. Al más puro estilo de Juan Valdés Leal nos ofrece lavisión de un cabeza de mujer decapitada sobre una bandeja de plata realizada con orfebrería cordobesa. Bebiendo de la escuela de Bellas Artes donde estudió nos ofrece esta imagen tantas veces representadas por Valdés Leal dejando así la muestra de su aprendizaje.

En la sala 4 dedicada al origen de lo hondo tenemos un cuadro llamado Cante hondo donde a modo de retablo se representan las pasiones del hombre: el amor, los celos y la muerte. Una mujer desnuda ataviada solo con una mantilla y apoyada en una guitarra ocupa la parte central de la obra. A su alrededor las pasiones, con el amor representado por una pareja besándose con pasión, los celos con un asesinato, un hombre loco de amor acuchilla a su pareja. La muerte de fondo con una joven que yace muerta en su ataúd. Como detalle curioso podemos ver al perro del pintor, Pacheco aullando junto al féretro. Tras la muerte del pintor seis años después de culminar esta obra algunos han querido ver una premonición en la figura de perro aullando por el dolor de la pérdida del pintor.

En la sala 5 llamada semblanzas tenemos quedestacar uno de los pocos cuadros donde se representa a un hombre. El pintor retrato a Félix de la Huerta Calopa y lo retrato porque fue su íntimo amigo. Entre otros puestos destacados este señor fue alcalde de Alcalá de Henares. En la composición se ve al personaje escribiendo en un libro. Lo curioso es el fondo donde a través de una ventana se distingue a Don Quijote y Sancho Panza cabalgando en la lejanía. Esta imagen es un homenaje que Don Julio le hizo a su amigo debido a que la tierra natal de Don Félix era Alcalá de Henares, ciudad donde también nació el escritor del célebre Don Quijote de la Mancha, es decir, obra de Don Miguel de Cervantes.

La última sala del museo, la sala 6, se conoce como La esencia de Córdoba. Como si fuera un guía turístico más de la ciudad, en esta última sala nos ofrece la obra llamada Poema de Córdoba. De nuevo a modo de retablo nos muestra seis paneles y uno central mayor que el resto.

En las ocho figuras de mujer que aparecen el pintor nos cuenta la historia de Córdoba. Las mujeres, protagonistas de nuevo, son las narradoras de nuestra historia y lo hacen sin duda a través del simbolismo característico del pintor. Córdoba, romana, judía y cristiana, barroca, guerrera y como no, Córdoba torera. Como uno de los grandes pintores de la historia despliega todo su arte y conocimiento para dar a conocer la historia y cultura de la ciudad.

 

EL ADIÓS DE UN MAESTRO EL NACIMIENTO DE UN MITO

En 1928 le diagnostican una enfermedad grave motivo por el cual decide volver a Córdoba donde seguirá pintando hasta su muerte el 10 de mayo de 1930. Inmediatamente la ciudadanía se echa a la calle para despedir al pintor con todos los honores. Se cerraron comercios, bares y tabernas los cordobeses se echaron a la calle para darle su última despedida. Cientos de personas le acompañaron por las calles de Córdoba hasta el cementerio de San Rafael donde desde entonces descansan los restos mortales de Julio Romero de Torres. Fueron estas muestras de cariño lo que provocó que la familia donara a Córdoba todo su legado desde sus cuadros hasta sus enseres, biblioteca, fototeca y hemeroteca del pintor.

Todo esto y mucho más es lo que ofrecemos en nuestras visitas guiadas, no solo conocer la historia y visitar monumentos o museos sino descubrir lo oculto, el sentido y el porqué de las cosas llegando a crear una experiencia inmersiva donde apreciamos la historia de Córdoba con todos los sentidos.

Sabiendo todo esto mi pregunta es, ¿Te los vas a perder? No lo dudes y ponte en contacto con nosotros a través de:

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