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Dos miradas cordobesas a la literatura: de Juan Valera a Juana Castro

Esta semana hemos celebrado el Día del Libro, y este blog también es partícipe de este día tan señalado en el calendario cultural.

Si pensamos en la literatura española, es fácil imaginar nombres muy conocidos o corrientes literarias bien definidas. Pero Córdoba no es solo una ciudad histórica y rica en monumentos, su patrimonio literario es también una huella y una herencia que llega a nuestros días. Hoy queremos hablar de dos autores que si bien pertenecen a contextos literarios e históricos distintos, comparten raíces y temas en común. Es el caso de Juan Valera y Juana Castro, dos escritores cordobeses separados por más de un siglo, pero unidos por su compromiso con la palabra.

En este blog volvemos a hacer un viaje por el tiempo: desde el siglo XIX hasta la actualidad, desde la novela al poema, y desde una visión más estética de la literatura a otra profundamente vinculada a la identidad y la experiencia.

Juan Valera: escribir por belleza (y no por denuncia)

Juan Valera nació en Cabra (Córdoba) en 1824 y fue mucho más que novelista: diplomático, político, ensayista… una figura muy completa de su tiempo. Sin embargo, lo que realmente lo ha mantenido vivo en la historia de la literatura es su forma de entender la escritura.

En pleno auge del Realismo —cuando autores como Benito Pérez Galdós o Leopoldo Alas Clarín analizaban la sociedad con lupa—, Valera decidió ir un poco a contracorriente. Para él, la literatura no tenía que ser un espejo crudo de la realidad, sino un espacio donde lo importante fuera la belleza, la armonía y el equilibrio.

Su obra más famosa, Pepita Jiménez (1874), es un buen ejemplo. La historia gira en torno a un joven que duda entre su vocación religiosa y el amor, pero lo realmente interesante no es tanto “qué pasa”, sino “cómo se cuenta”. Valera apuesta por un estilo elegante, cuidado y lleno de matices psicológicos. No hay exageraciones ni dramatismos excesivos: todo fluye con naturalidad.

Además, rechazaba el Naturalismo, una corriente que mostraba los aspectos más duros de la vida. Frente a eso, Valera defendía una literatura más idealizada, más cercana a la tradición clásica de autores como Miguel de Cervantes, quien ya sabemos que fue nieto de cordobés y un gran fan de esta ciudad. Para él, escribir era, en cierto modo, embellecer el mundo.

Juana Castro: poesía, cuerpo e identidad

Si damos un salto hasta el siglo XX, encontramos a Juana Castro, nacida en Villanueva de Córdoba en 1945. Su obra se sitúa en un contexto completamente distinto, donde la literatura ya no busca solo la belleza, sino también cuestionar, visibilizar y transformar.

Juana Castro es una de las voces más importantes de la poesía española contemporánea, especialmente por su enfoque en la identidad femenina. Sus poemas hablan del cuerpo, de la maternidad, de la memoria y de la experiencia de ser mujer. Y lo hacen desde una perspectiva muy personal, pero que conecta con muchas lectoras y lectores.

Libros como Del dolor y las alas o Cartas de enero muestran una poesía intensa, simbólica y muy evocadora. En ellos, el cuerpo no es solo algo físico, sino un espacio donde se cruzan emociones, historia y cultura.

Otro aspecto clave en su obra es la relación con la tierra. Como buena autora andaluza, el paisaje rural aparece con frecuencia en sus textos. Pero no como un simple decorado: la naturaleza forma parte de su forma de entender el mundo. Lo cotidiano —la vida en el campo, los ciclos naturales— se convierte en algo poético y profundamente significativo.

¿Qué tienen en común?

A simple vista, Juan Valera y Juana Castro parecen muy distintos: él escribe novelas en el siglo XIX; ella, poesía contemporánea con una clara conciencia feminista. Pero si miramos un poco más de cerca, aparecen conexiones interesantes.

La primera es evidente: ambos son cordobeses. Y aunque esto no lo explica todo, sí aporta un vínculo con el territorio, con una forma de mirar el mundo que, en ambos casos, se cuela en sus textos.

La segunda tiene que ver con el lenguaje. Tanto Valera como Castro entienden que la literatura no es solo contar cosas, sino cómo se cuentan. En Valera, esto se traduce en una búsqueda de perfección formal; en Castro, en una exploración simbólica y emocional de la palabra.

Y, por último, ambos amplían lo que entendemos por literatura en sus respectivas épocas. Valera lo hace alejándose del realismo más crudo; Castro, dando voz a experiencias que durante mucho tiempo no tuvieron espacio en la literatura.

Dos formas de entender la literatura

Comparar a estos dos autores no es decidir quién es “mejor”, sino entender cómo cambia la literatura con el tiempo. Juan Valera representa una forma de escribir que busca la belleza y el equilibrio. Juana Castro, en cambio, apuesta por una poesía que interpela, que emociona y que también cuestiona.

Y quizá ahí está lo más interesante: la literatura no es algo fijo. Evoluciona, se transforma y se adapta a cada época. Pero sigue teniendo algo en común: su capacidad para hacernos pensar, sentir y mirar el mundo de otra manera.